España fue el primer país de Europa en consumir cacao, y desde entonces su popularidad solo ha hecho que crecer. Hoy en día, Barcelona es conocida por su fuerte historia en cacao bebible y por los muchos chocolateros que han hecho de la ciudad un auténtico bastión del chocolate.
Llegada del cacao a españa
El cacao llegó a España en el siglo XVI, pero no tuvo un éxito inmediato. Según la leyenda, a principios de siglo, Cristóbal Colón trajo unas habas de cacao del Nuevo Mundo e incluso puede ser que los presentara al rey Fernando y la reina Isabel cuando llegó a Barcelona. No se les dio mucha importancia a estas habas de cacao: se parecían a almendras, pero eran muy amargas.
Algunos dicen que unas décadas después, el emperador Azteca, Montezuma II, le presentó una bebida amarga de cacao a Hernán Cortés, quien también decidió traer el cacao de vuelta a España. Otros piensan que la primera llegada del chocolate a España no fue hasta 1544, cuando los Mayas Kekchí de Guatemala lo regalaron al futuro rey Felipe II.
En todo caso, no fue hasta al menos 1585 que el cacao despegó en España. Este fue el primer año que hay un envío documentado de habas de cacao procedentes de México. Originalmente muy caro y fuera del alcance de la mayoría de la población, el cacao se fue filtrando por las cortes, la nobleza, los monasterios, la burguesía y finalmente a la población general para convertirse en uno de los alimentos más estimados.
Popularidad de la bebida de cacao en barcelona
A diferencia de los aztecas, los españoles tomaban el chocolate caliente, a la taza, con adición de aromatizantes como azúcar, vainilla o canela. Se tomaba en una taza, llamada chocolatera, que tenía un molinillo para ir removiéndolo.
Habiendo sido originalmente una bebida venerada por motivos religiosos en las culturas de las Américas, el cacao pasó a ser una bebida de placer para la élite europea, si bien también se tomaba con fines medicinales. La ciudad de Barcelona, un epicentro del cacao, se fue llenando de pequeños talleres de chocolate artesanos que molían el chocolate a mano para hacer el famoso xocolata a la pedra y que ofrecían incluso un servicio a domicilio para los que se lo podían permitir.
La comercialización del chocolate estaba controlada por dos gremios constantemente en conflicto el uno con el otro: los molineros de chocolate y el Col·legi de Confiters i Adroguers de Barcelona. Este último gremio, que trataba con productos de ultramar como son el azúcar, las especias y el cacao, estuvo a la vanguardia de las innovaciones para trabajar el cacao. En 1656 desarrollaron una máquina para trabajar la pasta de cacao, y en 1846 instalaron una máquina de vapor en la sede del gremio en el Arc de Sant Sebastià (cerca de donde se sitúa actualmente la Via Laietana) para el uso de sus agremiados. Además de los pequeños artesanos, empezaron a aparecer grandes fábricas con capacidades de producción importantes.
Hay que valorar también la importancia de las colonias españolas a la hora de suministrar no solo el cacao, sino también el azúcar y las especies que le daban el sabor a esta bebida tan popular. En muchos casos esto suponía una subordinación abusiva de las personas indígenas, que se vieron forzadas a trabajar en las plantaciones de cacao que pertenecían a los colonizadores europeos. Irónicamente, hoy en día una gran mayoría del chocolate que se consume en el mundo también viene de plantaciones donde los trabajadores están explotados y ganan una miseria por su trabajo.

Chocolatera histórica, foto del Museo Etnoloxico (dominio público)
El cacao viaja por Europa
Durante el siglo XVI, el chocolate se quedó en España. No fue hasta que la reina Ana de Austria, hija del rey español Felipe III, se casó con el rey francés Louis XIII en 1615 que se exportó a ese país, y progresivamente al resto de Europa.
Poco a poco, el chocolate empezó a tomar la forma bajo la cual la conocemos hoy en día:
- Principios del siglo XVIII: Los ingleses le agregaron leche a la bebida de cacao.
- 1828: El holandés C.J. van Houten patentó el proceso para separar la manteca de cacao para obtener el cacao en polvo.
- 1847: La empresa inglesa Fry and Sons perfeccionó la manera de combinar la manteca de cacao con la pasta de cacao para producir el chocolate sólido.
- 1876: El suizo Daniel Peter inventó el chocolate con leche sólido.
- 1879: Otro suizo, Rodolphe Lindt, descubrió el proceso de moler el chocolate durante horas y horas para obtener un producto más liso y que se funde mejor en boca.
Hoy en día: Barcelona, ciudad a la vanguardia del chocolate
La Barcelona de hoy en día sigue muy vinculada al chocolate. Paseando por la calle Petritxol, encontramos una amplia selección de chocolaterías casi centenarias donde tomar una xocolata desfeta con melindros o churros. Para los que prefieren quedarse en casa, se pueden encontrar fácilmente tabletas de chocolate que contienen almidón de arroz o de maíz para hacer un chocolate a la taza. Y por supuesto, aún existen algunas de las casas antiguas de chocolate, como Fargas (fundada en 1827 en el barri Gòtic y que todavía usa el mismo molino de piedra) o Chocolate Amatller (fundada en 1797 en el Born), si bien esta última ya no es una empresa familiar y ahora pertenece a Simón Coll.
A principios del siglo XX, el chocolate se empezó a integrar en las monas de Pascua, que originalmente eran bizcochos hechos con huevos de pollo. Hoy en día lucen esculturas de chocolate impresionantes en todas las pastelerías y chocolaterías de Barcelona en la temporada de Pascua.
La historia y la importancia del chocolate en Barcelona están conmemoradas en el Museu de la Xocolata, que comparte instalaciones con la Escola de Pastisseria del Gremi de Barcelona. Juntas, estas dos instituciones apuestan por la importancia del chocolate dentro de la escena culinaria de Barcelona. Si quieres adentrarte en la Barcelona del pasado, haz una visita al Museu de la Xocolata.
Y es que Barcelona y las ciudades colindantes son el hogar de algunos de los mejores chocolateros y chocolateras del mundo actualmente, personas como Ramon Morató, Josep Maria Ribé, Saray Ruiz o Miquel Guarro que han contribuido al avance de las técnicas más modernas y la ciencia de la chocolatería.
El mundo del bean-to-bar también está despegando, y la bombonería artesanal está repuntando. Tanto si vives aquí como si estás visitando, merece la pena explorar las chocolaterías y bombonerías artesanales de Barcelona. Descubrirás creaciones inspiradas de sabores locales y técnicas modernas que honran a la historia del cacao en nuestra ciudad.

